Aislamiento social obligatorio o cómo retomé mi diario íntimo.

Aprovechando la excusa de una pandemia mundial que nos puso a todxs a reflexionar sobre lo maravilloso del afuera, decidí retomar mi diario íntimo. Digo “retomar” y no “comenzar” porque siempre tuve un diario pero nunca de manera continua. La actividad de escribir sobre mi vida siempre fue intermitente, calculo, por un inmenso pudor que cargué conmigo durante muchísimo tiempo y que pude soltar una vez que fui adulta luego de mucha terapia.

Una de las actividades que me ayudó a la hora de dejar a un lado la vergüenza fue el dibujo. Empecé de a poco a soltarme, a mostrar lo que hacía, y de una forma eso fue exponerme (ahora que lo pienso funcionó como esas terapias de shock, en donde, para superar algún miedo tenemos que afrontar directamente aquello que más tememos).

El paso importante fue comenzar a dibujarme a mí misma. Pasar de dibujar “caras”, “gatos”, “casas” a realmente afrontar el miedo y DIBUJARME (hay que sumar a todo esto el hecho de que nunca me llevé bien con mi propio físico). Cuando rompí la barrera, cuando mis dibujos comenzaron a tratarse de mí, no hubo vuelta atrás.

En el 2014 comencé, formalmente, mi diario de dibujos. Me obligué a dibujar todos los días. Y lo que al principio parecía forzado o no natural, con los días se fue haciendo fluido hasta que de pronto aquel cuaderno se me hacía una especie de refugio, un lugar físico al cual me iba por momentos, me abstraía, me entretenía, me cobijaba.

Los dibujos trataban de mí, pero también de lo imaginario. Y siempre aquello me generó contrariedad y frustración porque sentía que no estaba siendo totalmente genuina con mi diario. Si inventaba cosas estaba mintiendo, ergo, ese cuaderno era todo menos un diario íntimo.

Entonces me acordé de aquello que hacía cuando era niña (cuando me daba terrible pudor escribir sobre mí en aquel diario de Snoopy con candado dorado): Escribía noticias. Ponía datos random de cosas que llamaban mi atención. Un episodio muy representativo de este momento de mi vida fue el que llamo “IMPACTO LAPA”.

Hablando con mi amiga Lejana sobre esto ella me dijo algo muy claro: “es como un miedo a enunciar la intimidad”. Y sí, me daba miedo, muchísimo. Por eso fue tan importante para mí comenzar a dibujarme. Porque fue una forma de vencer todo aquello y lanzarme hacia adelante. Dejar atrás el pudor y la culpa. Sentirme más liviana.

Hace unos días, hablando del odio (irracional e inexplicado hasta el momento) de Lejana hacia las sirenas, me contó lo siguiente (decidí citarla porque es mucho más interesante con sus propias palabras):


“los diarios de Colón son realmente un plato, porque el chabón había pedido un montón de plata entonces la tenía a la reina Isabel diciéndole ‘bueno, listo, invertí toda esta plata, vos me tenes que dar oro’. Entonces como el chabón no encuentra oro va flasheando tipo… ‘ah encontré una flor, pero es una flor mágica’. Hasta que en un momento dice ‘vi sirenas’ y hay investigaciones que dicen que lo que en realidad vio fueron manatíes”.

Me resultó simpática esta versión delirante de Colón y me hizo pensar que la evasión fantástica, la creatividad, los sueños, la imaginación, son parte real de lo que somos como lo es nuestro color de pelo, o lo que nos pasó camino al kiosco y simplemente no hay que negarlo.

Este fue el click necesario para darme cuenta que en mis historietas también hay elementos fantásticos, simplemente porque los necesito para narrar cosas que de otra manera no podría. Y dejó de importarme la idea estúpida de no poder encajar la historia en un formato “realista”. Simplemente hago lo que sale y que encaje donde pueda.

Estas dos páginas nacieron en estos días de cuarentena, como un especie de homenaje a la niña que fui, aquella que escribía noticias para no tener que hablar de sí misma. Hoy, con varios años encima escribo noticias y sobre mí misma al mismo tiempo. Fantasía y realidad se cruzan, ya no se puede negar el híbrido. Es por eso que comienzo (retomo) este diario (ahora en formato historieta) que he dado en llamar, claro: “Manatíes y Sirenas”.


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