LEJANA, la niña que dibujó un corazón con los ojos cerrados en una cancha de atletismo.

DE CUANDO ENTREVISTÉ A LEJANA, LA NIÑA QUE DIBUJÓ UN CORAZÓN CON LOS OJOS CERRADOS EN UNA CANCHA DE ATLETISMO.



Recuerdo levantar uno de sus fanzines (“VENENOS” que aún conservo en mi pequeña fanziteca) y hojearlo maravillada. Me acuerdo que pensé ¿Cómo es posible que con lo chico que es Córdoba, aún seamos totales desconocidas la una para la otra?” Ella siempre me dice que yo le caí mal, que la miré con cara de orto, o alguna ridiculez de ese estilo que seguramente sea cierta, pero me da bronca admitir. Yo no quise mirarla con mala cara, creo que simplemente no supe cómo manejar la extrañísima situación de estar conociendo por primera vez a la que, en otra dimensión donde el tiempo pasa más rápido, era mi hermana de cerebro.

Su nombre real (estoy totalmente autorizada a decirlo) es Gabriela Sitto. Me cuenta (aunque ya lo sé, pero se lo cuento a ustedes) que “Lejana” se llamaba su blog, y luego derivó en su nombre artístico por esas cosas del destino. Responde mis preguntas mientras limpia, porque ser su amiga me trae muchas alegrías, pero también dificultades, como por ejemplo, que no me tome en serio para una entrevista. Además, es una persona a la que se le dificulta hablar de ella misma en términos artísticos, pero haré lo necesario para que esto suceda así sea lo último que haga.

Lejana es ilustradora, historietista y escritora, pero el oficio con el que se siente más cómoda es el de “contar historias” y se le da de maravillas. Trata de encontrar los medios, dice, y los canales, para hacerlo como puede. El más cercano, el más próximo, o quizás con el que mejor se lleva es el del dibujo y más específicamente la historieta. Luego se ataja, con respecto al término “escritora”. Me dice “no es que tenga una carrera forjada en ese rubro” y yo pienso ¿Acaso importa? Ella siente que todas las definiciones le quedan chicas y grandes a la vez y yo adhiero. Porque lo que ella hace es minúsculo pero inmenso. Hay algo de sutil y verdadero en todas sus ficciones, siempre hay detalles que tienen que ver con lo propio pero visto desde un ojo ajeno, lejano, de ciencia ficción, que hace que a una se le dificulte ponerle un rótulo definido. Eso es lo que me gusta de ella, como amiga, pero sobre todo como dibujante: es humana pero tiene un ojo mágico, tremendamente sensible y minucioso en sus búsquedas pero a la vez extremadamente voraz a la hora de explorar y abrazar imperfecciones.


En este oficio de “contar historias”, ¿cuáles son las temáticas que te gusta abordar? ¿Son las mismas temáticas que te gusta consumir como lectora?

Las temáticas que abordo son bastante diversas y tienen mucho que ver con lo que esté consumiendo en ese momento. Por ahí entro en un modo “pensar mundos distópicos” y por ahí estoy en otra onda nada que ver. Creo que siempre, al final, lo que me atrae es un poco lo mismo, siento que siempre estamos hablando de lo mismo, y en mi caso tiene que ver con la crueldad. En un momento llegué a esa conclusión, de que me gustan las historias donde hay un poco de crueldad. No una crueldad sádica, sino ínfima, que sucede en las relaciones humanas. Y creo que eso es lo que consumo. Me encantan las tragedias griegas, historias donde las madres asesinan a sus hijos, donde los hijos asesinan a sus padres. Me conmueven muchísimo.

Me interesa la crueldad pequeña, cotidiana. También la que hay en la naturaleza. Siento que nosotrxs nombramos las cosas de otra forma, pero los animales se manejan de manera diferente. La viuda negra comiéndose la cabeza del macho después de coger, ese tipo de cosas me gustan. Pero también consumo cosas románticas. Mi hermana una vez me describió, según la música que escucho como “charanguitos depresivos” y eso creo me describe en términos de lo que consumo de manera general, porque también me interesa mucho todo lo que es folklore, mitología y demás, pero todo muy depresivo.

A cada tema, sin embargo, lo abordo desde un contexto particular, un interés que tenga en el momento. Que puede estar muchas veces motivados por canciones, por ejemplo. A veces me pasa eso de obsesionarme con una canción que me lleva a un universo y estoy ahí. Ahora estoy en una época victoriana, quiero contar historias ahí.

Creo, también, que tengo consumos más oscuros de los que expreso. Y siento que en mi obra la crueldad es casi un detalle de color. Por ahí cuento una historia que nada que ver, pero ese punto que es doloroso para el personaje es lo que me motiva a contarla.


Página del fanzine "Increíblemente Humanx"


¿Me contás alguna anécdota temprana que tengas con respecto al dibujo?

Me gustaba mucho dibujar cuando era chica, y lo hacía un montón. Hay una anécdota súper cruel de hecho, y es que bueno, yo veo de un solo ojo. Tengo estrabismo en el ojo derecho. Veo muy poco con ese ojo. De chica me hicieron un montón de tratamientos y demás. A los ocho, nueve años, estaba muy obsesionada con que me iba a quedar ciega, estaba re traumada con ese tema. En ese momento me habían dado un tratamiento que consistía en usar parches en el ojo izquierdo, que era con el que veía, para entrenar la visión en el ojo derecho. Lloraba, no lo quería hacer, porque no podía salir a jugar ya que tenía una visión muy reducida. A cambio, entonces, pedí que me regalaran un cuaderno (tenía un espantapájaros en la portada) y empecé a dibujar con esa visión. Mi objetivo era dibujar con lo que viera del ojo derecho. Otra cosa que hacía en ese cuaderno era cerrar los ojos y practicar dibujar ciega. “Bueno, listo, ¿me voy a tener que someter a esta mierda? Nadie me va a quitar las ganas de dibujar”. Creo que esta anécdota me parece sumamente cruel, ‘vístima’ y a la vez me define un montón.

También me acuerdo que mi mamá nos llevaba a practicar atletismo con mi hermana más grande y tuvimos una entrevista con la profesora para que nos conociera el primer día. La profesora nos preguntó qué sabíamos hacer. Yo le dije que sabía dibujar con los ojos cerrados. Hice que me buscaran un papel, en el medio de la cancha de atletismo, para probar que sabía dibujar con los ojos cerrados. Dibujé un corazón.


¿Qué cosas haces para buscar inspiración?

Es una parte del proceso que me encanta. Me gusta casi más que hacer algo después con todo eso. Estoy todo el tiempo carburando, tratando de pensar una idea nueva. Generalmente estoy como en un ciclo en modo “esponja” del cerebro, en el cual cualquier cosa que veo me inspira a hacer algo. Pero también me pasa, como ahora, puntualmente en este momento de mi vida, que entro como en un bloqueo y ahí es cuando me fuerzo a inspirarme. Porque siento que me apago si no estoy pensando ideas.

Lo que hago es leer. Por ejemplo, la poesía es un género que tiene imágenes muy zarpadas. A veces leo poesía porque hay cosas que veo muy gráficamente y me dispara a dibujar algo, por ejemplo. Otra cosa que hago es obsesionarme con algo, o forzarme a seguir un tema que me interese e investigarlo todo lo que pueda hasta que algo de eso me cierre para trasladarlo a lo que quiero hacer. La naturaleza me inspira un montón. Trato de ver documentales.

Cuando hice el almanaque de los hongos, por ejemplo, había visto un documental sobre hongos que crecen en insectos. Y fue algo que me obsesionó. Investigué un montón sobre el tema y me duró mucho tiempo. Porque me pasa eso, de tener una idea y explotarla al máximo, no la abandono hasta que le saco todo el jugo. Eso, a su vez, me disparó después la historia de ciencia ficción que hice para la muestra de Deriva, que era este hongo atacando a la gente. Después me hizo querer investigar sobre otros hongos, y así…Siento que tengo una obligación con el tema que me lleva a querer saber todo lo que pueda y ahí recién abandonarlo. Eso también me mantiene en esta rueda de inspiración. Es como un intento de no cortar el ciclo nunca.



¿Qué es lo que te atrae de hacer historietas?

Creo que tiene que ver con lo que te decía al principio, de las definiciones que me quedan grandes. Con el término “escritora” que no me alcanza, en un punto. En la historieta se encuentran esos dos intereses y puedo jugar con lo gráfico y con el texto. Eso es lo que me parece más rico y atrapante. Cuando dibujo siento que tengo que ser súper narrativa, o al menos esa es la apreciación que yo hago sobre mis trabajos, siempre armo una gran historia detrás del dibujo. “Estos personajes viven en una tribu…”. Creo una historia para lo que dibujo. Siempre el dibujo tiene para mí una impronta narrativa, que en un momento ya no me alcanza. Y al revés me pasa también con la escritura. Por ahí me pongo a describir algo súper gráficamente porque necesito representarlo lo mejor posible y me doy cuenta que tampoco alcanzan las palabras para eso. Así que la historieta es un punto ideal de choque entre esas dos experiencias. Ese cruce me parece súper interesante. Y a la vez que tiene todo su mundo, medio cinematográfico todo. Convergen un montón de intereses en la historieta. Es un espacio muy interesante.


¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

El proyecto que más tiempo ocupa en mi vida actualmente es una novela gráfica autobiográfica en la que estoy trabajando desde hace muchos años. Creo que la idea empezó a forjarse en 2016, pero recién el año pasado logré moldear el guion y definir por dónde quería que fuera la historia. Quedé en una beca del Fondo Nacional de las Artes, entonces eso me permitió dedicarme este año y la mitad del año pasado mucho más en esta novela y comenzar a materializarla, finalmente. Es un proceso súper largo y controversial para mí, tengo unos ataques y crisis tremendas. Por un lado, porque es una novela autobiográfica, y para mí es súper polémico contar cosas que fueron traumáticas o dolorosas, me siento muy atravesada por la novela, eso siempre hace de traba, en algún punto. Por otro lado, tengo la voluntad imperiosa de contarlo.

La novela se llama Movimiento Ocular Rápido, tiene que ver con lo que contaba antes, esta enfermedad que tengo en la vista. Nací con cataratas y a lo largo de toda mi infancia y adolescencia me fui sometiendo a distintas operaciones, tratamientos y todo tipo de curandería. En la novela cuento y recupero un poco la historia de mi vida a partir de la excusa de la enfermedad, o el trauma. Haber crecido en un pueblo, casi rural, está muy impregnado en la historia. Hay un paganismo rural, en toda la novela y en mi crianza que me parece súper importante. Por otro lado, está muy vinculada a los sueños, porque desde chica me obsesionan. A partir de ellos puedo conectar mi historia a la historia de mi familia, particularmente mi familia materna. En la historia desarrollo eso. La enfermedad es una excusa para ir contando distintos momentos de mi vida, todo ligado a un universo mágico, de brujería, pesadillas, visiones, etc. Es la pregunta que más me costó responder porque este proyecto me implica involucrarme en algo que sigue siendo doloroso para mí, para mi familia. Ponerse a hacer algo autobiográfico tiene ese revés que para mí es muy difícil y que tiene que ver con todo eso que me atraviesa, o lo que me interesa contar: ese punto donde los personajes sufren. En este caso el personaje soy yo, entonces el dolor se traspasa. Es un proceso muy interesante. Cada vez que me siento a dibujar descubro algo. Ahora me puse un espejo, al frente del escritorio donde dibujo, para acordarme que no me tengo que ir por las ramas, no tengo que evadirme y contar otras cosas. Muchas veces tiendo a esconderme en la ficción y en este caso hay un valor simbólico en el proceso que tiene que ver con una especie de cura.



Si tuvieses que recomendar el trabajo de algún/a artista ¿Quién sería? ¿Por qué?

Quiero recomendar a alguien que quiero mucho también. Ella es Gabi Coco, una ilustradora, diseñadora gráfica e historietista chilena que actualmente vive en Argentina y tuve el honor de conocer. Es una artista que me gusta mucho, particularmente la ternura y la sordidez que hay en sus ilustraciones. Son súper cute, tiernas y a la vez todos sus personajes tienen un costado muy roto, extraño. Son como extravagantes. Me parece una artista súper compleja en ese sentido. Me gustan mucho sus historietas y cómo trabaja sus personajes y los colores. Es muy talentosa en lo que hace.


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