Sobre cuánto odio Instagram pero cómo escribir este blog es una forma de resistencia.

Apenas apreté el botón “publicar” sentí que quería borrar el blog a la mierda. Para qué mentirles. Me hizo acordar a la adrenalina que me daba tener que mandar audios, cuando todavía no era común. Para mí eso de los audios era algo que simplemente no iba a funcionar. ¡Qué horrible escuchar mi voz de pito! ¿Yo hablo así? Hoy (más que nunca) se me hace imposible pensar en no tener esa herramienta.

Los vecinos corren por adentro de su casa con el ovejero alemán que les ladra. De a ratos se gritan “ma” y pa” para pedirse cosas desde los distintos ambientes de su hogar, que está separado del mío al parecer por una lámina de merengue (ah, querida cuarentena). Mientras tanto, pienso en la segunda entrada de este blog y qué mejor cosa que hablar sobre el estrés que me dio empezar esto pero por qué aun considero necesario seguir “poniéndole fichas”.

Hace tiempo venía con la idea en la cabeza de arrancar algo diferente porque la verdad es que venía agotada de Instagram, red social que encuentro bastante mentirosa. No sólo me parece que se muestran fragmentos de lo mejor de unx, y no tanto lo más genuino, sino que me parece una licuadora de talentos, en donde después de apretar el botón de encendido todxs quedamos flotando en la superficie de una homogeneidad viscosa (o una viscosidad homogénea). 

Una de las cosas que detesto de Instagram es que veo cantidad de artistas increíbles en un tiempo muy limitado. El scrolleo es indefinido, y detenerse a mirar es bastante poco habitual. Cuando algo me gusta mucho, le pongo corazón y sigo (nunca peor aplicada la frase “le pongo corazón”). Luego trato de acordarme quién hizo aquello que me gustó, y a menos que sea alguien a quien tenga MUY PRESENTE o de quien sea MUY seguidora, jamás logro recordar. Buscar al autor o autora es una tarea casi imposible porque sumado al formato de Instagram que no ayuda, somos MILLONES de dibujantes/ilustradores/historietistas/fotógrafxs/escritores/etc. subiendo cosas permanentemente. ¡Es una locura! A ver, no estoy diciendo que todo en Instagram sea malo, pero sí me genera ese sentimiento de “gusto a poco”, esa sensación de ver pasar las imágenes desde la ventanilla de un tren bala. Y tampoco creo que toda la culpa la tenga Instagram, también hay algo en nosotrxs que nos hace cada vez menos pacientes, más ávidxs de lo instantáneo (es mi propio dedo el que avanza sin pausa, a fin de cuentas).

Pequeña historia: hace poco empecé a seguir en Instagram a una artista cuyo trabajo me encantó, pero que se me perdió entre medio de tantas otras cosas. Nunca más recordé su nombre e Instagram no me la volvió a mostrar. Todo es como una terrible historia de amor en la Edad Media. PERO tuve la suerte de participar de la última edición del festival vamos las pibas que se hace en Buenos Aires y en un stand en diagonal al mío reconocer una de sus láminas. Me acerqué y charlamos, pude saber entonces que era gosti. No hablamos demasiado pero compré dos de sus fanzines y mientras la feria seguía su curso los leí y me reí mucho. Me parecieron graciosos, tiernos y además de muy hermosos, profundos y sensibles. De alguna forma me sentí cerca. 

Está bien, tal vez si no hubiese sido por Instagram no la hubiese conocido en primer lugar y bla bla, pero quería ilustrar lo terrible que me parece este océano de artistas en el que estamos inmersxs de una manera bien dramática, como el perri de Gosti cuando se deja llevar por el sentimiento. También me parece importante remarcar lo NECESARIO que es ahondar en las personas para realmente disfrutar de lo que hacen como artistas. Muchas veces seguimos a gente, sabemos que hacen tal o cual cosa pero no les prestamos verdadera atención. Y es recién cuando les conocemos personalmente, o leemos alguna entrevista, o nos lxs encontramos en ferias y demás, cuando empezamos a ver lo que hacen con otros ojos y eso es porque profundizamos en ellxs, no nos conformamos con la primera capa que nos muestra Instagram (si es que tenemos la suerte de que el algoritmo nos tire algún centro).

Por eso hoy propongo una TAREA:






[CUIDADO: El siguiente párrafo tiene mucho contenido OK, BOOMER]

Todo esto me trajo a la memoria cómo me gustaban los blogs. Leer artículos o pensamientos de autores a lxs que les seguía todos los pasos. Entraba seguido a sus sitios personales para ver si habían subido algo nuevo. O la misma plataforma Blogger o Tumblr me avisaban que ya habían actualizado. Tenía muy en claro a quiénes seguía, y por qué. Creo también que las cosas aún no se habían tornado tan exclusivamente visuales y efímeras. Hoy nos resulta normal filmar o sacarle una foto a algo y que este material se elimine a las 24 horas. ¿QUÉ? ¿Por qué? Las cosas se diluyen en el tiempo y de la misma forma nuestra memoria. Nuestros cerebros se van haciendo cada vez más vagos, para recordar o retener y esto es algo en lo que pienso cada día, y me desespera. ME DESESPERA MUCHO al nivel de que trato de acordarme cosas de memoria para ejercitar mi cerebro, porque ante todo fatalista e hipocondríaca.

Por eso me gustó la idea de escribir un blog. Como una manera de batallar contra estas “nuevas” formas a las que no me resigno. Me da bronca tener que pelear contra ese molino de viento invisible pero gigante que es el “algoritmo”. ¿Alguien sabe qué carajos es? ¿Por qué cuando pasa demasiado tiempo de no subir material sentimos que no existimos? ¿Es sano eso? ¿No ayuda esto a hacernos sentir que no estamos produciendo lo suficiente? ¿Acaso deberíamos estar creando 24/7 como pequeñxs robots, de lo contrario merecemos caer en el abismo del olvido? 

Y me pregunto, en tiempos de coronavirus y aislamiento social, ¿acaso por el contrario no necesitaríamos conectar más con nuestro lado humano? 






In May 2017, The New Yorker‘s Jia Tolentino declared the age of personal essays dead. I wouldn’t be surprised if social distancing brings them back. 

(En mayo de 2017, Jia Tolentino de The New Yorker declaró muerta la era de los ensayos personales. No me sorprendería si el distanciamiento social los trae de vuelta)

harling ross para Man Repeller. 

Me gusta la idea de que, quien entra acá lo hace porque así lo eligió y si se quedó es porque de alguna manera conectamos. Porque hay algo acá que le llamó la atención, le hizo ruido, le hizo sentirse identificadx, le movilizó.

Quizás todo esto fue lo que hizo que me sintiera bastante expuesta cuando publiqué la primera entrada. Porque venía acostumbrada a la modalidad de Instagram, y a la seguridad que me da en un punto saberme invisible y que nadie me está mirando verdaderamente. De pronto ofrezco una puerta a un universo un poquito más personal y sincero. Así sean dos personas las que lean este blog, serán dos personas entrando a mi mundo y eso nunca es fácil de manejar. 

De todas maneras apenas publiqué la primera entrada, recibí mensajes de apoyo de dos de las personas que más aprecio y admiro.


“Esto es valiente hermana”. Lejana.“Realmente creativa” Mi mamá.

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